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Mi colegio VIII. Cincuenta años educando.

por | 09/10/2019

MI COLEGIO VIII

Retomamos las colaboraciones de los antiguos alumnos, que nos cuentan recuerdos, anécdotas y vivencias de su paso por el colegio. Esperamos que sigáis enviando estos maravillosos artículos, como el que nos ofrece Sara. Muchas gracias por este emotivo texto.

Me llamo Sara Louise Gómez Langley. Estuve en “el Nepomuceno” desde 2º, hasta terminar 8º de EGB, en 1992. De esa época en el colegio guardo preciosos recuerdos. Conocí  gente maravillosa, profesores y compañeros de clase, con algunos de los que me he vuelto a encontrar en el camino. Recuerdo que a pesar de muros y cancelas, en el colegio se respiraba aire de libertad, grandes espacios, muchos jardines, muchos lugares de juego… Siempre me sentí muy libre. Libre para jugar, pensar, sentir, aprender, para respetar y sentir afecto y cercanía por aquellos diferentes y menos afortunados. Creo que esa es una grandeza de la espiritualidad y los valores del colegio, que parte de la congregación de las Hijas de Jesús.

Recuerdo cuando se podía jugar por detrás del prefabricado; ¡cuántas carreras por el patio de albero! Cuando llovía, ¡se veían ríos de color dorado! Entonces nos caíamos más, creo. ¿Quién no se hizo alguna postilla jugando en el cole? Recuerdo las catequesis en el colegio, y la primera comunión con los compañeros organizada desde el centro, con don Cristóbal que era nuestro párroco entonces.

Vivía con cariño los eventos y festivos del colegio: el día de la madre Cándida de manera más especial. Me encantaba cuando llegaba el día “de la misa rociera”, y nos preparábamos con nuestros vestidos de flamenca. ¡Ese día descubríamos que en cada clase siempre resultaba haber alguien con una voz maravillosa! No fue mi caso. Me gustaba ver el concurso sobre la Madre Cándida entre clases. Y qué decir de esas actuaciones en la pista exterior, que entonces era “la pista”. O los teatrillo de navidad en el gimnasio. ¡No cabía un alfiler! ¡Y las representaciones de los Álvarez Quintero! Se descubría mucho talento interpretativo.

De los mejores recuerdos está el grupo Alcor, con sus acampadas, convivencias, campamentos. Da alegría ver como la semilla sigue con el tiempo; qué labor tan hermosa y divertida. Gran parte de las vivencias en el colegio tuvo que ver con que mis padres fueran miembros del AMPA durante años. Las fiestas de fin de curso llevaban mucho trabajo, pero lo recuerdo con un cariño muy especial por la convivencia que existía entre los profesores y los padres, especialmente desde el AMPA, y por la vivencia de formar parte de una gran familia. Yo solía colaborar en la tómbola ya entonces, con la Madre Carmen. Años después he tenido la oportunidad de haber sido miembro del AMPA y miembro del consejo escolar, y haber podido vivirlo de otro modo, en primera persona, intentando dar lo mejor para y por el cole.

Algunas personas las recuerdo de forma especial porque me han aportado aprendizajes muy importantes para mi vida. Hubo en mi época religiosas que recuerdo con cariño: Mari Carmen Caballero, Joaquina, Pilar Brufal. Recuerdo la grandeza de la Madre Carmen, concentrada en ese cuerpo tan pequeño. Con ella hice mi catequesis de confirmación; y ella tuvo mucho que ver en que pudiera casarme en la capilla del colegio.  ¡No existía un lugar mejor y más sencillo, con el que tuviera más vínculo religioso para celebrarla!

En 5º mi tutora  fue María del Valle, que imponía respeto sólo con su presencia, y sin embargo luego resultaba ser dulce con sus alumnos. Recuerdo haber empezado a aprender con ella lo importante del trabajo diario, y cuestiones como respetar y cuidar al otro y sus cosas. Se me grabó esta frase que alguna vez decía: “Si alguien te deja algo debes devolvérselo mejor incluso que cuando te lo dejó”.  La verdad os digo, la vida me ha devuelto siempre más de lo que yo haya podido dar, partiendo de ese cariño y respeto.

Víctor fue mi tutor 2 años, no recuerdo las materias, pero sí que nos subrayaba la importancia de colaborar entre todos, y nos insistía en la colaboración en casa. Tenía 7-8 años y os aseguro que hacía mi cama como podía. Conozco algunas constelaciones y dónde está la estrella Alcor porque Jorge nos lo enseñó, creo que en una convivencia en Granada. Recuerdo su cercanía y naturalidad en las clases. Especial cariño le tengo a Domingo. De lo más importante que aprendí de él fue saber relacionarme con cualquier persona independientemente de las circunstancias y sus orígenes. Su asertividad y empatía sin duda despertó las mías. No me extraña por qué junto con Víctor mantienen la conexión con los antiguos alumnos.

De todo lo que para mí ha sido más importante y más ha podido marcar mi vida, ha sido la enseñanza personal y espiritual en el colegio. Es una riqueza  que va a más allá de lo que puedas aprender en cualquier aula o en cualquier colegio, que no se refleja sólo en una puntuación académica. Creo que estas enseñanzas, más allá de las clases y los libros, me han ayudado a ser la persona que soy hoy. Me ayudaron a sentir AMOR por lo pequeño, por el “débil”, el diferente, y a hacer que no me quede sólo en ese sentir, sino llevarlo a la acción. Esa es ahora mi vocación profesional como médico. Esta humanidad que aprendí sin duda en el colegio, acompañada por las convicciones de mi familia, me han guiado para llegar a ser PERSONA, que pienso que es lo primero que uno debe ser en la vida. La grandeza de este colegio es esa REAL preocupación por que cada individuo que entra por sus puertas: niños, familias, profesores, personal del centro… pueda desarrollar en su mayor expresión las habilidades para SER y DAR lo mejor que pueda. Por todos estos motivos confiamos la formación de nuestros hijos en este colegio.

Quisiera terminar agradeciendo a todos los que formasteis parte de esta etapa de mi vida, de todo corazón. Gracias

 

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