954 57 16 55    Colegio Juan Nepomuceno Rojas Hijas de Jesús  direccion@jesuitinas-sevilla.es

Mi colegio VI. Cincuenta años educando.

por | 19/02/2019

Hoy publicamos un texto en el que volvemos a recordar los primeros años de nuestro colegio. Chari Prieto comenzó su etapa escolar hace ya casi cincuenta años. En este artículo nos comparte sus recuerdos y nos emociona con su memoria agradecida. Y las fotos que nos aporta son una joya. Muchas gracias Chari

Cinco décadas educando

María del Rosario Prieto Valencia

 

  1. Aquella mañana de verano mi madre dijo que iríamos a un colegio nuevo que habían abierto una congregación de monjas para inscribirme en él. Mis padres lo preferían al colegio del barrio, que, por entonces, no les parecía el mejor para mi educación. Nos encaminamos con ilusión y cierto temor a que la directora no me aceptara como alumna.

Entramos al colegio por una puerta grande y quedé sobrecogida por un espacio tan amplio y diáfano que me hacía sentir aún más pequeña. Subimos por unas escaleras impolutas y entramos en una habitación donde me esperaba una monja menuda, de piel clara, y unas pequeñas gafas a través de las cuales me observaba con cariño.

-¿Tú quieres venir a este colegio? -me dijo-. Y yo, segura de la respuesta, asentí con la cabeza. Era la madre Manuela Durbán que por entonces estaba de directora del centro.

Ese fue el comienzo de una larga historia que aún hoy continúa. Con mis pocos años no era consciente de las vivencias que allí iba compartir con otras niñas que, como yo, empezaban a caminar de la mano de unas educadoras cuya vocación y amor a Cristo les llevaba a dar lo mejor de ellas en la formación y en la enseñanza de esa zona de Sevilla.

Recuerdo el nombre de muchas de mis compañeras: Nieves, Paqui, Carmen, Ana, Reyes, Rosa… Había algunas que, además, vivían en el mismo colegio, puesto que entonces era un internado: Latorre, Menacho… A las “externas” nos causaba mucha admiración que aquellas niñas vivieran lejos de sus familias y, sin embargo, se les viera contentas e ilusionadas. Pero eso ocurría así, porque las “madres”, las Hijas de Jesús, hacían de aquellas paredes, siempre limpias, un auténtico hogar en el que no faltaba el cariño, el respeto y la entrega total a su labor educadora.

Algunas “externas” al salir de clase por la tarde, nos quedábamos en el colegio (no nos queríamos marchar) para jugar con las internas. Ellas salían al patio con sus babis y su pan con chocolatina hasta que llegaba la hora del estudio.

Y así, aprendiendo y jugando, pasaron aquellos años que jamás se olvidarán. Como tampoco podré olvidar el nombre de algunas de esas religiosas que, con mayor o menor acierto, me transmitieron muchos de los valores que hoy encauzan mi vida.

Mi agradecido recuerdo a las madres Dolores Jiménez, Francisca Moreno, Isabel Galache, Carmen Velasco, Encarnación Payá, Teresa Argüera y tantas otras. Gracias a todas.

Precisamente esta última, la madre Teresa, fue la que me recibió, junto con mi marido, el día que decidimos que nuestro hijo Juan viniera también a este colegio. No sé si fue la casualidad o que Jesús quería asegurarse de que mi vida en el colegio se prolongara a través de mis hijos; ya que, a día de hoy, mi hijo Esteban continúa entre estas paredes aprendiendo y creciendo con los que ahora cogieron el testigo de aquellas personas  a las que recuerdo con tanto cariño.

Ya han pasado cincuenta años… ¡Parece mentira¡ Un tiempo que no ha dejado indiferente ni al barrio donde se asienta el colegio, ni a todas las personas que hemos formado parte de este proyecto que Madre Cándida soñó en aquellas tierras del norte, tan distintas a la nuestra, pero donde el Espíritu Santo inspira con la misma fuerza y verdad. Gracias.

 

Pin It on Pinterest

Share This