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Mi colegio II

por | 19/11/2018

Begoña del Río entró en el colegio hace 50 años. En este artículo nos cuenta algunos recuerdos, vivencias y anécdotas. Gracias Bego por tu colaboración.

Mi nombre es Bego Del Rio y entré en el cole en el año 68, con 6 añitos. Estaba súper ilusionada porque iba sola desde casa y encima tenía una maestra, monja,  llamada Bibiana, que era un encanto y que fue también mi catequista.

Entonces sí que se hacía bien la comunión. Salíamos todas en fila cantando desde el cole hasta la Parroquia de la Concepción

Hice todos mis cursos desde 1º hasta 8º (bueno…uno más porque repetí 7º), tengo un recuerdo muy bonito  y recuerdo casi a todas mis maestras y directoras: Conchi, Rosario, Carmina, Madre Isabel  Galache, Madre Francisca Moreno, Guillermina, Madre Teresa, Madre Pilar, Madre Mª Luisa, Madre Payán (pequeñita, chistosa sin gracia y con la que nos copiábamos en los exámenes), mi querida Madre Dolores Jiménez (que tanto me ayudó para ir a un viaje), Carmen Pérez, la fantástica Madre Manuela y también recuerdo a Carmen Ballesteros que no se nos ha olvidado a nadie. Tengo tantos recuerdos…

Un buen día del año 72, estaba cursando 4º de EGB y tenia de maestra a mi querida Madre Isabel Galache, la de los cachetinos colorados. Ella tuvo que irse con su familia, imagino alguna enfermedad de alguien o algo gordo.

Yo tenía solo 10 añitos y mis padres se fueron de paseo y me dejaron con mi hermana que tiene 10 años más que yo para que me cuidase; ésta me preguntó por lo que hacía en el cole, cómo se llamaban mis compis y cómo era mi maestra. Cuando le respondí que no tenía maestra me dijo: -pues diles que yo voy a daros clases. Al día siguiente, ni corta ni perezosa, como íbamos a misa a la capilla todos los domingos, hablé con Madre Manuela, la directora de aquel tiempo. Me preguntó por los estudios de mi hermana y cuando le dije que tenía secretariado me contestó: – pues dile que mañana lunes venga a hablar conmigo.

Llegó el lunes, mi hermana fue, pero diciéndome en que lío la metía, y allí estuvo sustituyendo algún tiempo sin tener pajolera idea de nada. Igualito que ahora, que aparte de sacar una carrera tienen que hacer todos los B del mundo para dar hasta Matemáticas en inglés

Nunca fui de tener una amiga y ya está. Siempre me relacionaba con todas, más pequeñas, igual o mayor que yo. Lo que me interesaba era unirme al juego que tenían entre manos, de ahí a que sea conocida por muchísimas.

Los cates y riñas de mi madre eran diarios porque salíamos de clase, pero no salíamos del cole. Nos tirábamos todas en el suelo, junto al grifo de la puerta chica, a jugar a los cromos. Otras veces me escondía en portería y esperaba a que le dieran la merienda a las internas (un bollito de pan con una chocolatina), me la daban a mi también y tan feliz para casa, otro cate por parte de mi madre.

Hacíamos mucho deporte, tanto balonmano, voleibol, como correr delante del perro de Celestino que se le escapaba muchas veces. También hacíamos piernas cuando nos tenían dos horas subiendo y bajando escaleras por “habernos portado muy bien”.

No existían las extraescolares, pero íbamos al cine (tanto fuera como dentro del cole), nos dejaban estar allí al salir por la tarde de las clases, tocaban la guitarra y cantábamos. El sábado por la mañana, quien quería iba al cole, lo dedicábamos a lecturas sobre todo, nos quedábamos un finde completo internas para los ejercicios espirituales, hacíamos excursiones y hasta existía el movimiento junior…al que nunca me dejaron apuntarme mis padres.

Fueron pasando los años y llegó el momento de dejar el cole (junio 1977). Todas con nuestros graduados y sin poder tener en nuestro poder el libro de escolaridad, ese fue el último castigo. Tuvimos que pagar cada alumna 50 pesetas, porque entre unas pocas nos cargamos un pájaro grande, disecado, que había en la clase y lo usábamos para asustar a las compis jejeje

No sé si es porque me pilló la niñez, pero fue una etapa grandiosa de mi vida en la que obtuve muchísimos valores, convivencia, compañerismo, formación,…y se nota porque después de tantos años seguimos liándola donde vayamos. Fijaos si me aportó tanto mi cole que no dudé en ningún momento que mi hijo realizara sus estudios en el mismo cole que su madre. Un abrazo para todos.

Begoña Del Rio.

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